Olvido...
Acerqué una silla a la mesa, encendí una vela,
para darle un poco de intimidad a mi pequeño espacio,
tan pequeño y tan mío
como el deseo de oír nuestra vieja canción…
y comencé a leer las cartas...
que, desde el corazón
de vetustos arcones de madera, cubrían el suelo...
Aquellas cartas… en las que me decías
que a veces, lo que reluce como el oro, es sólo apariencia...