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Lunes - 25.Junio.2018

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Clásico

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Han colaborado en este poema Alberto R., Vicente y Héctor.
 
Objeto de la prohibición, amargo
candidato por juramento común;
argonauta de imposible navío Argo,
pues que me devastas igual a simún.
 
Delibero y pienso que sujeto a amarras
siempre inoperante debo definirte,
perjudicando alianza y eventuales arras;
a elementos burla en que constituirte.
 
Por señor quisiera acreditar tu impronta
y aquel carácter íntegro de tu entrega,
que esta conciencia rejuvenece y atonta
cual si faltase práctica a un estratega.
 
Destinatario te veo, moderado
por tanto sentimiento que en sí se pliega:
en todo eficiente, mas nada adecuado.
 
 
 
 
Autor...
 
 
 
A los que me ayudaron a componer estos versos.
 
Ballestero que de oro exhibes las flechas,
fatigoso contrincante, fiero amigo,
sin cabalgaduras el arresto lo echas
y se hunde en carne indefensa y sin abrigo.
 
Recursos agolpas en viras estrechas;
que el absurdo disparate me es testigo
de que tan despreocupado no me acechas,
sino incorregible en tu franco castigo.
 
Desalmado te maldijera, y por hueco,
figurándome que devanas madeja
y cortas los hilos con tu ademán seco,
al no hacer mudanza de tu palabreja.
 
La pretensión se asoma a tu pecho enteco;
que brusca te pretendiese, y a tocateja,
por apremiarte incluso omiso o reseco.
 
 
 
 
Autora: Silvia Patón Cordero
 ...
 
 
Vaga con precario traje en el Erebo
entre almas sin sustancia, amorfas, sonámbulas;
porque allí no penetran rayos de Febo
ni en tu intelecto, ante sus manchas noctámbulas.
 
¿Qué sabes tú de amoríos y romances
si siempre estático demuestras tendencia?
Mira que te sostienen flojos avances
y triste te idolatro lesa y en pendencia.
 
Dulces aires que oscurecen sus cabellos
y se erizan en cuello y desnuda nuca,
tal que envidiasen dedos el rozar de ellos
y la boca el temblor de su sed caduca.
 
Corresponder pidiera a su desprovisto
hablar, pues su maestría tanta ansia educa,
que aun me fascina y con ella el sueño visto.
 
 
Autora: Silvia Patón Cordero
...
Enviado (27/04/2016) - Enviado por silviapaton

La despedida
 
¡Cuán alto poder nos enseñaba
de la ternura diestras razones
por su bandera insignia en nociones
que nuestra cordura abanderaba!
 
La lucha el poder esperanzaba
de descubrir sin vacilaciones
a aquel ente que cada uno amaba.
 
Y en tu orgullo por leso te diste,
transportando tus armas donoso,
pues quedo, rotundo y belicoso
nada a tu despedida opusiste.
 
Mas besa aquella alma que reviste
y el sentir entretanto engañoso
del boceto que probar fingiste.
 
 
...
Enviado (11/05/2010) - Enviado por Boves

No es que el balett sea una mujer
pero es a lo más que se asemeja
No fue para actores principales de grandes compañias
teatrales
Ciertas locaciones de un teatro
nos recuerdan cortinas largas arregladas con una cinta
y mujeres de siluetas estilizadas
simulan bailarinas que se desplazan en puntillas
Tras el escenario alguién coordina la orquesta
revisa las coreográfias y protege como madre
En otras oportunidades nuestra bailarina
es sólo figura prodigiosa apoyo del balett
que acompaña las rutinas de un baile
el vuestro tal vez
donde cualquiera sin sobresaltos
se acerca para alegrarse el corazón
 ...
Enviado (13/01/2010) - Enviado por PILAR

   Las huestes innumerables,
los pendones y estandartes
las banderas,
los castillos impunables
los mures e baluarte
las barreras,
la cava honda chapada,
o cualquier otro reparo
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.
   Aquel de buenos abrigos,
amado por virtuoso
de la gente,
el Maestre don  Rodrigo
Manrique tan famoso
y tan valiente,
sus grandes hechos y claros
no cumplen que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros,
pues el mundo todo sabe
cuáles fueron.
  
...
Enviado (08/01/2010) - Enviado por PILAR

    Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
que le siguió!
Mas como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua,
¡Oh juïcio divinal!
Cuando más ardía el fuego
echaste agua.
   
   Pues aquel gran Condestable  
Maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que d'el se hable,
sino sólo que lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿Que fueron sino pesares
al dexar?
 
   Pues los otros dos hermanos,
Maestres tan properados
como reyes,
c'a los grande...
Enviado (30/12/2009) - Enviado por PILAR

   Dexemos a los troyanos
que sus males no los vimos,
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias.
No curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
que fue d'ello;
vengamos a lo de ayer
que tambien es olvidado
como aquello.
  ¿Que se hizo del rey don Juan?
Los infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
¿Que fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención
como truxeron?
Las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e cimeras
¿fueron sino devaneos?
¿Que fueron sino verduras
de las eras?
   ¿Que se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Que se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amad...
Enviado (25/12/2009) - Enviado por PILAR
   Los estados y riquezas
que nos dexan a deshoras,
¿quién lo duda?,
no les pidamos firmeza,
pues que son de una señora
que se muda.
Que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni ser estable ni queda
en una cosa.
   Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño;
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño;
y los deleites de acá
son en que nos deleitamos
temporales,
y los tormentos de allá
que por ellos esperamos,
eternales.
   Los placeres y dulçores
d'esta vida trabajada
que tenemos,
¿qué son sino corredores,
y la muerte es la celada
en que caemos?
No mirando a nuestro ...
Enviado (22/12/2009) - Enviado por PILAR

      Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél,
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquel
que atendemos.
Y aún el Hijo de Dios,
para subirnos al cielo,
descendió
a nascer acá entre nos
y vivir en este suelo
do murió.
   Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos;
que en este mundo traidor
aún primero que muramos
las perdemos.
D'ellas deshace la edad,
d'ellas casos desastrados
que acaecen,
d'ellas por su calidad,
en los más altos estrados
desfallecen.
   Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura
cuando viene la vejez
¿cuál se para?
Las mañas y...
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