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XLVI

Enviado Dom, 03/02/2002 - 01:00 por seest59

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De las estrellas que admiré, mojadas
por ríos y rocíos diferentes,
yo no escogí sino la que yo amaba
y desde entonces duermo con la noche.

De la ola, una ola y otra ola,
verde mar, verde frío, rama verde,
yo no escogí sino una sola ola;
la ola indivisible de tu cuerpo.

Todas las gotas, todas las raíces,
todos los hilos de la luz vinieron,
me vinieron a ver tarde o temprano.

Yo no quise para mí tu cabellera.
Y de todos los dones de mi patria
sólo escogí tu corazón salvaje.

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