Sin saberlo, ha llegado
a este jardín desarrapado,
con algunas flores ajadas y mustias
y una sola rosa, roja y viva.
En algunos rincones
hay tierra revuelta,
hay tierra movida.
Todo está descuidado.
Muerto el árbol que dió frutos,
marchitas las flores,
yermo el terreno,
los aperos abandonados...
Ella, en sus ilusiones,
sólo ve un jardín
que puede ser cultivado.
Para ella es un regalo.
Proyecta, feliz,
un diseño, un futuro
de labor a medio plazo.
Aún no sabe que debe
limpiar los rastrojos,
rastrillar el suelo
y, sobre todo,
arrancar la rosa de cuajo.