Soneto II



Dormidos ya los viejos abedules,

Me viste despertar en tu regazo,

Soñando asido de tu suave abrazo,

Mis ojos en los tuyos, tan azules.



Mas no ha de ser así, no disimules,

Que, siendo prisionero de tu brazo,

Me asfixias, convirtiéndote en un lazo:

El nudo que ocultaste tras los tules.



El velo que lo tapa es tu belleza,

Mas eres tú la muerte y no la vida,

Que nunca en la dulzura hay aspereza.



El alma de mi cuerpo está dormida,

Y así, soñando tanta ligereza,

Se apaga entre tus brazos, ya vencida.







2006 © José Ramón Muñiz Álvarez

"El libro de los fresnos"

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