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Lunes - 18.Diciembre.2017

Estás en: Poetas noveles

Candás-Peña Furada

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Enviado (02/10/2011)Enviado porJose Ramon Muñiz Alvarez-

Visite: http://jrma1987.blogspot.com

José Ramón Muñiz Álvarez
“MARTINILLOS Y EL SIRVIENTE” O “EL BARÓN SIN UN DUCADO”
(JUGUETE CÓMICO-LÍRICO)
ESTAMPA ÚNICA

Palacio de don Jimeno, caballero pobre y sin dineros.

ESCENA I

Don Jimeno solo en su aposento.

DON JIMENO: ¡Quién no admirara el lucero
Que mostrara en la mirada
Una dama enamorada
De un gallardo caballero!
No es menester el dinero
Para quien no necesita,
Y, si acaso solicita
Los favores del amor,
Fingiendo un triste dolor,
Es que entre el oro se agita.
¡Dichoso el que tiene bienes
Y desconoce el apuro,
Pues en mar nada seguro,
Lamentando altos desdenes!
Y, aunque me den parabienes,
No he de sentirme dichoso
Con ponerme melindroso
Por estar enamorado,
Lujo del afortunado,
Que es del amor codicioso.
No es el desdén un granito
Que al amante martirice,
Sino que eso es lo que el dice,
La voz alzada en un grito.
En cambio yo necesito
Más dinero que otra cosa,
Pues la ternura amorosa
De quien pena por penar
No me va a solucionar
Situación tan desastrosa.
Malo es pagar alquileres,
Malo es pagar alimentos,
Malo es pasar los momentos
Sin un cargo ni quehaceres.
¡Dichoso el que a las mujeres
Les canta clara poesía,
Pues ignora, cada día,
Esta vil necesidad.
No es amor ociosidad,
Sino vicio en demasía.
Por eso siento que digo
Cosas de un alto provecho
Para los que amor el pecho
Hiere, pero no el ombligo.
Y con esto a nadie obligo
A que rechace el amor,
Pero yo quiero mejor
Disfrutar buenos dineros
Que lamentos plañideros
De un no sentido dolor.
José Ramón Muñiz Álvarez
“MARTINILLOS Y EL SIRVIENTE” O “EL BARÓN SIN UN DUCADO”
(JUGUETE CÓMICO-LÍRICO)
ESTAMPA ÚNICA

ESCENA II

Entra el sirviente.

SIRVIENTE: Dónde hallar buenos jamones,
Dónde hallar buenos chorizos,
Los vinos antojadizos,
Los sabrosos salpicones…
Otros quieren corazones,
Sentimientos y suspiros,
Pero yo combato a tiros
Esta terrible pobreza,
Que no sabe la nobleza
De estos austeros retiros.
Mala compra, mi señor,
Que están los precios muy caros.
DON JIMENO: Los comerciantes avaros
Nos hacen así un gran favor.
No sientas, pues, gran dolor,
Como huyendo de pavores,
Que las cenas son mejores
Si son ligeras y escasas.
SIRVIENTE: Se come en las otras casas.
DON JIMENO: Ya vendrán tiempos mejores…
Mira bien que la comida
Que el goloso en abundancia
Disfruta, aunque sepa rancia
No es sana ni bienvenida.
SIRVIENTE: Pero no es entretenida
Si se come aire con nada.
Quiero pan con mermelada,
Nata y flan, dulces sabrosos,
Torreznos gratos, gozosos,
Quesos y leche, cuajada.
Vivir sin comer no es bueno,
Porque vivir sin yantar
No es el cuerpo alimentar.
DON JIMENO: ¿Es bueno acostarse lleno?
Piensa que el dulce veneno
Que dices tú que es comida
Es lo que acorta la vida.
Porque con tanto comer
Muchos han de perecer
Antes de la amanecida.
SIRVINTE: ¿No come el rey mil manjares
Que su médico le indica?
DON JIMENO: Oye al cura, que predica
Del púlpito en los altares.
Siempre a fieles y seglares
Les dice que la prudencia
Es en esto mejor ciencia
Que el médico más experto.
SIRVIENTE: Dígalo quien no este muerto
Por el hambre y la impaciencia.

Don Jimeno se va.

ESCENA III

SIRVIENTE: Rara cosa es la que exclamo
Cuando escucho el razonar
De quien acaba de hablar,
Señor, pues que es así mi amo.
Y a veces versos declamo
Para el hambre que he sentido
Dejar feliz al olvido,
Ya que con viejas canciones
Se olvidan estas pasiones
Del hambre a quien le ha mordido.

Cantando los versos que siguen.

Deja que el alba despierte
Cada mañana el labriego,
Bostezando con sosiego,
Mientras la aurora se vierte,
Y, ya que la luz advierte
El pastor en la majada,
Cuando la alborada
Llega luciente,
Bebe el agua fresca
Que da la fuente.
Nace con gran bizarría
El bostezo soberano
De un sol bello que, temprano,
Se asoma con alegría,
Y, pues la villa sombría
Se despierta con la helada,
Cuando la alborada
Deja el reflejo,
Visten los arroyos
El oro viejo.
Luce el sol sus galas bellas
Y corona su destello
Sobre ese valle que bello
Oye de amor las querellas.
Y, si se van las estrellas
Que reposan en la nada,
Cuando la alborada
Bebe en la orilla,
Cantan los riachuelos
Su seguidilla.
Rompe con su colorido
La llamarada del día
La noche triste y sombría
Sobre en villorrio dormido.
Y, si el hielo ha derretido
Tras una larga invernada,
Cuando la alborada
Llega ligera,
Cantan las torcaces
La primavera.

2008 © José Ramón Muñiz Álvarez
Todos los derechos reservados por el autor.

José Ramón Muñiz Álvarez
(Breve reseña)

José Ramón Muñiz Álvarez nació en la villa de Gijón y sigue residiendo en Candás (concejo de Carreño). Su infancia transcurre de manera idílica en dicho puerto, donde pasa su juventud hasta el término de sus estudios. Licenciado en Filología Hispanica y especialista en asturiano, vive a caballo entre Asturias y Castilla León, comunidad en la que es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Su afán por las letras y las artes lo ha llevado al cultivo de la poesía. Es autor de varios libros, de los cuales ya ha dado a conocer "Las campanas de la muerte", aunque en una tirada modesta.
"Las campanas de la muerte" es una obra que consta de tres poemarios:

1-. "Arqueros del alba", dedicado a su abuela materna, Dolores Menéndez López.

2-. "Ballesteros de la tarde", dedicado a la abuela paterna, Pilar Muñiz Muñiz.

3-. "Lanceros del ocaso", dedicado a uno de sus tíos: Gervasio.

El poemario demuestra el extraordinario vínculo del poeta con sus abuelas, en un momento delicado: el del fallecimiento de las mismas. Es indicativo que el libro se escribiese en tres tandas, las dos últimas muy seguidas. Las partes del libro datan de diciembre de 2005 a enero de 2006, primavera verano de 2007 y enero de 2008.
En este tipo de poesía se recurre a las estrofas más tradicionales, con dos únicas excepciones de verso libre. Además de un romance, las demás estrofas son silvas blancas, espinelas y, sobre todo, sonetos.
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