De rodillas
y se rompe al encuentro de las rocas
que no dejan pasar mis ansias locas;
soy espuma de mar que se arrodilla.
Tu mirada deslumbra mientras brilla
evitando la mía. Ya no tocas
nuestros bellos recuerdos y tus pocas
ilusiones perecen ¿qué te humilla?
Caracolas murmuran tras de mí
ecos sordos del llanto con que pido
un minuto tan sólo junto a ti.
En su canto proclaman que perdí
tu cariño algún día en el olvido...
No las oigas, mi niño ¡sigo aquí!

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