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Jueves - 14.Diciembre.2017

Estás en: Poetas noveles

Dejad que suave y sereno-Más triste en el azul del firmamento

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Enviado (10/09/2011)Enviado porJose Ramon Muñiz Alvarez-

Videre: http://jrma1987.blogspot.com


Arqueros del alba


 

Para María Dolores Menéndez López 


Las campanas de la muerte.

 

       Dejad que, suave y sereno,

Roce su mejilla hermosa

El aire que la desposa

Besando su rostro bueno,

Aunque la llene el veneno

Que le ha arrancado la vida,

Que la lanzó a esta partida

La edad, su sueño pesado,

El tiempo que, fatigado,

Abrazó la despedida.

       Dejad que, bello y tranquilo,

Duerma su semblante hermoso,

Que disfrute del reposo

Que, silencioso, vigilo,

Porque se va con sigilo

Aunque quiera retenerla,

Que no puede detenerla

La luz que, tras los cordales,

Ve las galas matinales

Que pudieron defenderla.

       Dejad que, afligido el pecho,

Descanse el aliento herido

Del dolor que ha consumido

Su impotencia y su despecho,

Porque, la sombra al acecho,

No cabe esperar que acierte

Los designios de la suerte

El silencio que bosteza,

Si marchitan la belleza

Las campanas de la muerte.

       Dejad que, blanca y callada,

Alcance la aurora bella

La altura de aquella estrella

Que admira la madrugada,

Que ya la noche cansada

Ve el despertar de los cielos

Pues nieve derrite y hielos,

El granizo blanquecino,

Bullicioso en el camino

Que alborotan los riachuelos.

       Dejad que, tierna y ligera,

Tome su mano la brisa,

Y, en el aire, su sonrisa

Vuele libre donde quiera,

Que otro palacio la espera

Después de ese largo viaje

Que hoy emprende en un carruaje

Digno de llevarla encima,

A otro lugar, otra cima,

Otro reino, otro paisaje.

 

Soneto XXVI

 

       Más triste, en el azul del firmamento,

Volar podrá su risa, cuando, en vilo,

La luz de la alborada enseñe el filo

De su puñal callado y ceniciento.

       Los años correrán sobre el aliento

Helado que escapó al aire tranquilo,

Buscando hallar en él un nuevo asilo,

Palacio levantado para el viento.

       Será encontrar su rostro en una estrella

Al tiempo que la noche helada y fría

Retira su corcel de madrugada.

       Y la recordaré, siempre tan bella,

Amable, cariñosa cada día,

Paciente en la vejez, tal vez cansada.

 




2005 © José Ramón Muñiz Álvarez

“Las campanas de la muerte”

Primera parte: "Los arqueros del alba"

Todos los derechos reservados por el autor.


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