Jardin de olvidos
y unas cuantas cenizas que al arder
formó la combustión de la madera
del árbol que creció en nuestro querer.
No volverá a brillar la primavera
en jardines resecos de un ayer,
pues nunca habrá retoño, aunque quisiera,
que pueda en rama muerta renacer.
El ocaso del sol de cada día
nos ofrece reflejos de colores
que nos brindan paisajes de armonía.
Fragancias de pretéritos amores
me recuerdan, haciendo que sonría,
el esplendor de mi jardín de flores.

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