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Jueves - 19.Octubre.2017

Estás en: Poetas noveles

La Cruz de la Victoria

ver las estadisticas del contenidorecomendar  contenido a un amigo
Enviado (10/12/2012)Enviado porJose Ramon Muñiz Alvarez-
EL

CURUXÍN D’ASTURIES

Visite: http://jrma1987.blogspot.com

RRR

José Ramón Muñiz Álvarez

“AL NACER LA RECONQUISTA” o “LA CRUZ DE LA VICTORIA”

(Drama en un único

acto)

ACTO ÚNICO

Interior de la Santa Cueva.

ESCENA I

Pelayo espera con sus hombres el alba.

GUERRERO 1-. Donde tiene su castillo
la noche por fortaleza,
hay en las sombras belleza
y arde la luna con brillo.
GUERRERO 2-. Y, si suena el caramillo
donde las sierras más bellas,
miran las altas estrellas,
en el callado paraje,
la hermosura del paisaje,
encendiendo sus centellas.

GUERRERO 1-. Porque suelen los pastores
en las noches de más frío,
en las orillas del río,
cantar siempre sus temores.
GUERRERO 2-. Melancólicos amores
los de las gentes plebeyas,
miran las altas estrellas
en el callado paraje,
la hermosura del paisaje,
encendiendo sus centellas.

GUERRERO 1-. Que entona su melodía
el que más se muestra triste
y en sus locuras insiste
mientras la noche se enfría.
GUERRERO 2-. Que sienten gran alegría
quienes, oyendo querellas,
miran las altas estrellas,
en el callado paraje,
la hermosura del paisaje,
encendiendo sus centellas.

GUERRERO 1-. Y se vuelve todo hermoso
en esas noches calladas,
al esperar alboradas
en un sueño de reposo,
cuando el viento bullicioso
las delata, porque, en ellas,
miran las altas estrellas,
en el callado paraje,
la hermosura del paisaje,
encendiendo sus centellas.

GUERRERO 2-. Pues luce más hermosura
esa brisa que, secreta,
ve volar ese cometa
que del oriente se apura.
Cortando la sombra oscura,
ve esas regiones que, bellas,
miran las altas estrellas,
en el callado paraje,
la hermosura del paisaje,
encendiendo sus centellas.

GUERRERO 1-. En este un rincón ameno
que, entre las sombras oscuras,
las nieves oculta puras
con su noche y su veneno.
GUERRERO 2-. Y, escondido el sarraceno
entre los robles y el haya.
se prepara la batalla
en recónditos lugares,
entre viejos encinares
donde la fuente se calla.

GUERRERO 1-. Y es preciso este sigilo,
que, no lejos de la sierra
ha de iniciarse la guerra,
de modo que estad en vilo.
GUERRERO 2-. Mas, teniendo por asilo
esta silenciosa cueva,
poco importa que no llueva
o que salga el sol más claro,
que sí que es un caso raro
guarecerse en el Auseva.

LANCERO-. Presto arderá la mañana
que se anuncia en lo lejano,
y su rayo soberano
llegará en hora temprana.
GUERRERO 1-.Pronto su risa lozana
alcanzará, en el hayedo,
los verdes que mira quedo
el brillo de la alborada,
cuando llega engalanada
y me llena con su miedo.

ESPATARIO-. Pero sabe el enemigo
de nuestras duras fatigas,
pues tememos las barrigas
más vacías que un mendigo.
GUERRERO 2-. De tal cosa soy testigo,
porque, entre estos avellanos,
desde los valles ufanos
a la más brava enriscada
no se suele comer nada
que no traigan los veranos.

ESPATARIO-. Alguien habrá que, sereno,
sepa enfrentar un combate
donde tanto se debate
contra ese vil sarraceno.
GUERRERO 2-. En el combate soy bueno,
pero ellos son numerosos,
y, en los valles caudalosos,
muchos quedan rezagados,
porque, estando acobardados,
ya se mostraban quejosos.

GUERRERO 1-. Es el moro numeroso,
y su ejército encendido
a los godos ha vencido
en un ataque alevoso.
GUERRERO 2-. Está el califa gozoso
de semejante victoria,
satisfecho de la historia,
pues el godo, derrotado,
la vieja tierra ha dejado,
pagando su vanagloria.

GUERRERO 1-. Despunta ya la mañana
con sus destellos lucientes,
reflejándose en las fuentes
con majestad soberana.
GUERRERO 2-. Llega al fin la hora temprana
en que, con rayos bermejos
nos saludan de lo lejos
las claras luces del día,
cuando, llena de alegría,
muestra sus raros reflejos.

GUERRERO 1-. Llama de plata que brilla
sobre el callado arroyuelo,
desatando vino el hielo
de la escarcha de la orilla.
GUERRERO 2-. Pronto la gente sencilla
iniciará sus labores,
que al nacer los resplandores
que quiebran la noche oscura,
a su quehacer con premura
van ya los trabajadores.

ESPATARIO-. Y, como un alto castillo
que saludase la aurora,
la alborada rememora
su luz, riqueza y su brillo.
LANCERO-. Mientras suena el caramillo
del más sensato pastor,
que contemplando el albor,
se queja de los temores,
cuando sufre los dolores
con que lo aqueja el amor.

PELAYO-. Pues que soy vuestro caudillo,
habéis de escuchar, pacientes,
mis órdenes, y, valientes,
veréis de la gloria el brillo.
No defendéis un castillo
en esta pequeña cueva,
pero el monte del Auseva
os servirá de baluarte
donde defender, con arte,
vuestro reino en esta prueba.

Que, con valor y coraje,
con bravura y con tesón
arderá en el corazón
la belleza del paisaje.
Y es abrupto este paisaje
como el combate y la muerte,
donde el ánimo es más fuerte
que en ningún otro lugar,
cuando, dados a luchar,
echada queda la suerte.

Hoy defendéis el honor,
la dignidad, la grandeza
que se esconde en la dureza
de la fe y su resplandor.
Y, pues hombres de valor,
no sentís miedo del moro,
ese es el mayor tesoro
que enajena nuestra vida,
que, por la fe defendida,
sois más valiosos que el oro.

ESPATARIO-.¡Quién gozara de esa paz
y esos discretos primores
entre sencillos pastores
que gozan su soledad!
LANCERO-. No aman la guerra en verdad,
pero esta preciosa tierra
será libre por la guerra,
y no por sentir cantares
en los densos castañares
que toda esta zona cierra.

ESPATARIO-. Y no falta el avellano,
árbol lleno de nobleza,
símbolo de la pureza
de nuestro aliento asturiano.
LANCERO-. Si muerte quiere el pagano,
habremos de darle muerte,
y preciso es que despierte
nuestros bríos, nuestras furias,
que libre ha de ser Asturias
y tener brazo más fuerte.

ESPATARIO-. El pueblo quiere a Pelayo,
no al miserable invasor
que, mostrando su furor,
ha venido como el rayo.
LANCERO-. Nadie quiere ser lacayo
de esas gentes que saquean,
que sin nobleza pelean,
que atacan, con gran maldad,
nuestra digna libertad,
y que con furia jadean.

ESPATARIO-. No nos faltan las razones
para luchar con bravura
contra quien esta locura
lleva a cabo en mil naciones.
LANCERO-. Mas, ¿quién teme a sus legiones,
si el honor arde en el pecho?
Poco importa que, al acecho,
esperen para luchar,
pues los vamos a enfrentar
mostrando mayor despecho.

ESPATARIO-. Quién no quisiera, en sosiego,
a estas horas, reposar,
los combates olvidar,
olvidar tanto trasiego.
LANCERO-. Y puede verlo el más ciego
si lo piensa, reflexivo:
nace siempre un odio vivo
contra crueles invasores,
que, con injustos furores,
nos ataca el moro altivo.

GUERRERO 1-. Un castigo les prepara
la suerte a esa gente injusta,
que en la razón de la justa
la fortuna será avara.
GUERRERO 2-.¿No lo dice el agua clara
que de su chorro desciende?
¿No lo dice, si se enciende,
esa aurora soberana?
Porque en esta hora temprana
hay quien su escudo defiende.

PELAYO-. Cuántas veces he sentido
esa terrible añoranza,
el dolor, la destemplanza
de quien se mira abatido.
Porque en Gijón fue vencido
el orgullo de quien llora
esperando que la aurora
dé por fin al corazón
dulce alivio y la razón
que ya tanto se demora.

Y no es solo el verme triste
y condenado al destierro,
que no es sufrir el destierro
lo que el alma no resiste.
Pero la crueldad insiste
en el pérfido agareno,
cuando, valiente y sereno,
quiere usurpar un visir
la razón de mi sentir
con el mal de su veneno.

Y el odio llena la vida
de quien regala al combate
el rencor que se debate
con la pasión encendida.
Y es que sujeta la brida,
con la bravura del rayo,
cabalgará don Pelayo
a dar muerte al invasor
que causa el daño mayor
en el señor y el lacayo.

Y es que la cruel aspereza
del cautiverio me hiere,
que el ánimo ya prefiere
la venganza y la dureza.
Y es que Muza la belleza
contempló en una hija mía
que a la clara luz del día,
si de su padre era el amor,
se reclama a mi valor
que castigue su osadía.

GUERRERO 1-. Preparada la ballesta,
la flecha de la esperanza,
en otra mano la lanza
que grandes golpes asesta,
sentirán nuestra protesta
y habrán de retroceder.
ESPATARIO-. Los dejaremos correr
hacia las altas montañas,
donde el viento, con sus sañas,
azota el amanecer.

LANCERO-. Nunca será permitido
que arranquen ese tesoro
las avaricias del moro
que el territorio ha invadido.
GUERRERO 2-. Los habremos perseguido
hasta que, con la fatiga,
sientan cómo los castiga
la furia y los elementos,
el golpe de fuertes vientos
que en las montañas se abriga.

ESCENA II

Llegada del obispo Julián.

JULIÁN-. Dejadme pasar, señores,
dadme paso, caballeros,
que, antes de entrar en batalla,
es preciso hablar primero.
ESPATARIO-. Aquí no queremos treguas,
que jamás la paz quisieron
los valientes en el campo,
si el combate estaba presto.

JULIÁN-. Malhaya de quien la guerra
emprende con ojos ciegos,
y el campo deja sembrado
con la sangre los muertos.
LANCERO-. No sois vos, según os miro,
uno de esos sarracenos
que, sin que nadie los llame,
quieren invadir el reino.

JULIÁN-. Sabed que soy hombre santo,
que la cruz que llevo al pecho
es menester del cristiano,
por mi oficio y por su fuero.
GUERRERO 1-. Si en verdad vos sois de iglesia,
si sois cristiano, no entiendo
cómo ayudáis a esa gente,
pues que vos venís con ellos.

JULIÁN-. Sabed que Julián me llaman,
y que, llevando el capelo,
sirvo a Dios en lo que ordena
desde la altura del cielo.
LANCERO-. Pues a Dios no se le sirve
ayudando al extranjero
que ataca nuestros dominios
con el afán más violento.

JULIÁN-. Cristiano, soy que no moro,
pues que soy también un clérigo,
ya que de Dios soy ministro
y su saber represento.
GUERRERO 2-. No lograréis que aquí prenda
en nuestros pechos el miedo,
que, sin saber de temores,
estamos todos dispuestos

JULIÁN-. Conocer quiero al caudillo
y a la gente de su séquito,
que le traigo una misiva
de los jefes sarracenos.
PELAYO-. De esta gente soy caudillo,
pues caudillo me eligieron
para que en esta batalla
libre la lucha con ellos.

JULIÁN-. El visir es generoso
y está en este caso atento
a concederos la gracia
y a su perdón concederos.
PELAYO-. El perdón que no he pedido
nunca de nadie lo espero
ni mis gentes lo pretenden,
que arde en el pecho su fuego.

JULIÁN-. Quiero, señores, hablaros,
prestaros algún consejo,
mostraros otro camino
que este combate siniestro.
GUERRERO 2-. Esta batalla no quieren,
y así se muestran con miedos
y nos perdonan la vida
con tal que nos entreguemos.

PELAYO-. Puedo decir con orgullo
que esta es mi gente y la quiero,
y que tengo su confianza,
para que gobierne en ellos.
JULIÁN-. Es el visir hombre justo,
y también pariente vuestro,
que no quiere que la sangre
se derrame de su suegro.

PELAYO-. Diréis en mi nombre a Muza
que no hubo tal parentesco,
sino que a una hija retiene
en mezquino cautiverio.
JULIÁN-. Bien sabéis que os aprecia,
y hace gala de su aprecio
al deciros que os ofrece
esta paz por la que vengo.

PELAYO-. ¡No sé quién os hizo obispo
ni quién vil y traicionero,
pues se sabe lo que cuentan
de vuestro vil embeleco!
¡Que sois vos quien a los godos
hizo sufrir al hacerlos
los esclavos de esta gente,
de su ambición prisioneros!

Pero el asturiano es libre
y libre seguirá siendo
acabada la batalla,
porque lo siente su pecho.
No quieren pagar tributos,
no quieren aquí extranjeros
que roben de su trabajo
lo que ganaron sufriendo.

JULIÁN-. El visir es generoso,
hombre de carácter bueno,
y no quiere una matanza,
que no es ese su argumento.
PELAYO-. ¡Decís vos que es hombre justo
quien de mi tierra al encierro
quiso llevarme y en Córdoba
me retuvo tanto tiempo!

JULIÁN-. Y es generoso con todos,
pues sabe que está ofreciendo
la vida a quienes no esperan
vivos salir de este encuentro.
PELAYO-. Su tropa es más numerosa,
bien armado está su séquito,
mas arrojo no nos falta
y por eso lucharemos.

La gente aquí es levantisca
y de su valor espero
que sepan luchar con bravura,
que no cedan en su esfuerzo.
En este día glorioso
la victoria ya sabemos
contra quienes nos atacan
y la nación redujeron.

ESCENA III

Se va don Julián.

GUERRERO 1-. No perdamos la ocasión
que nos brinda la venganza,
que habrán de sentir la lanza
en el mismo corazón.
GUERRERO 2-. Y, por lo infieles que son,
sentirán que el enemigo
les dará duro castigo,
los tratará con dureza,
sin tener la gentileza
que se le brinda al mendigo.

PELAYO-. Entraremos presto en liza
contra el invasor más fiero,
y tal coraje requiero
que hasta el pelo se me eriza.
Y aunque yo sé que desliza
el temor, con sus patrañas
la inquietud de las entrañas,
siento en vosotros el brío,
la fuerza y el poderío
que vive en estas montañas.

Porque nace la esperanza
que os habían prometido,
y porque el sol encendido
ha de ser vuestra bonanza.
Dedicadle la alabanza
a la luz, cuando se apura,
y, al combatir con locura,
dejad que, con gran esmero,
renazca el corazón fiero
y la grandeza más pura.

Que se acerca la hora santa
de hacer frente al enemigo,
dejando este humilde abrigo
que al moro asusta y espanta.
No podrán, con pompa tanta
ablandar el sentimiento:
sabed pues que este momento
tendrá en los siglos memoria
si es que logra la victoria
vuestro valor y talento.

Nadie sabrá de temores
cuando, la lucha iniciada,
sienta desnuda la espada,
ignorando los dolores.
Si sois sufridos señores,
solo a miraros aspiro:
Y en vuestros ojos admiro
la mirada del valiente
que, con un aire insolente,
no se permite un respiro.

ESPATARIO-. Así veremos salvados
nuestros campos, nuestra tierra,
nuestros bosques y esta sierra,
los altos montes nevados.
GUERRERO 2-. Esos picos elevados
son contra el moro un castillo,
un baluarte donde el brillo
resplandece con el día,
reflejado en nieve fría,
hija de un pincel sencillo.

ESPATARIO-. Y las costas recortadas,
las espumas de los mares,
avellanos, castañares
y colinas elevadas.
GUERRERO 2-. Porque nuevas alboradas
recordarán el momento
en que, sin perder aliento,
pudieron los asturianos
recuperar con las manos
su orgullo y merecimiento.

LANCERO-. Porque, al tiempo que amanece
y se deshace la helada
donde la mira cuajada
esa luz que se estremece,
todo en silencio parece,
sabiendo de este combate.
GUERRERO 2-. Y ya el alma se debate
entre el alarde y valor
y el instinto del temor
que a los cobardes abate.

GUERRERO 1-. Y, mientras la luz fulgura
dibujando su comienzo,
ha de trazarse este lienzo
en la negra sombra oscura.
GUERRERO 2-. Que, si ya el alba se apura,
si nos muestra su dibujo,
bajo su luz y su embrujo,
esperamos la batalla,
combatiendo a esa canalla
que aquí el califa condujo.

GUERRERO 1-. Porque pronto el aguerrido,
lanzando su grito al viento,
liberará un sentimiento
hasta que caiga abatido.
GUERRERO 2-. Será ese grito el sonido
que quiebre tanto sosiego,
que en el pecho encienda el fuego
del guerrero más valiente,
cuando, turbada la mente,
al combate acuda ciego.

ESPATARIO-. Donde enciende sus fulgores
el sol más resplandeciente,
alborotada la gente,
ve el color de los albores.
Se han reunido los pastores
de las lejanas majadas
para unirse a las mesnadas
que defenderán la tierra,
que, llamados a la guerra,
vienen ya por las quebradas.

GUERRERO 1-. Donde enciende su hermosura
la luz con su puro brillo,
canta ya el pueblo sencillo
y en los senderos se apura.
LANCERO-. Toda la gente murmura
por esas sierras nevadas,
para unirse a las mesnadas
que defenderán la tierra,
que, llamados a la guerra,
vienen ya por las quebradas.

GUERRERO 1-. Y, al seguir por los caminos,
el primer rayo del día,
se admira de la alegría,
al hallar tantos vecinos.
LANCERO-. Por senderos peregrinos
corren gentes apuradas
para unirse a las mesnadas
que defenderán la tierra,
que, llamados a la guerra,
vienen ya por las quebradas.

GUERRERO 1-. Y contempla aquella tierra
esos colores del cielo,
reflejándose en el hielo
de la helada de la sierra.
LANCERO-. El populacho se aferra
con voces esperanzadas,
para unirse a las mesnadas
que defenderán la tierra,
que, llamados a la guerra,
vienen ya por las quebradas.

GUERRERO 1-. Porque llega ya el momento
en que el cielo de la noche,
con su mágico derroche,
les anunció el raro evento.
GUERRERO 2-. Y así, con mucho contento,
van por sendas y calzadas,
para unirse a las mesnadas
que defenderán la tierra,
que, llamados a la guerra,
vienen ya por las quebradas.

LANCERO-. Importante es la embajada
que os he de contar pastores,
caminantes, leñadores
venidos de su majada.
Hoy, al llegar la alborada,
en este campo nevado,
escucharéis el mandado
que os he de contar, guerreros,
gentes que por los senderos
traen el cuerpo fatigado.

Que la alborada se apura
para el humilde y el bueno,
cuando, de júbilo lleno,
camina la senda oscura.
Y si ya la aurora apura
sus brillos incandescentes,
como sois hombres valientes,
no perdáis vuestro coraje,
y defended el paisaje
con corazones ardientes.

Demostrad vuestro valor
Los que estáis aquí presentes
antes que vuelen lucientes
del alba el brillo y color.
Que si sois gentes de honor,
como pienso que parece,
mirando como amanece,
que llega la luz del día,
prestaréis la gallardía
que el corazón fortalece.

Y no hay razón de temor
esta mañana escarchada,
porque la nueva anunciada
es promesa del Señor.
Y sabed que ese fervor
al moro ve con enojos:
abrigad vuestros arrojos
en el ancho corazón
y defended el pendón
que alumbrará vuestros ojos.

Así pues, entre la vega
que conduce a la quebrada,
caminando a la alborada
cuando sus llamas despliega,
el sol la esperanza riega
del susurro que murmura
que, al pasar la noche oscura,
veréis el brillo del cielo
cómo celebra en el suelo
vuestro furor y bravura.

Os contemplo con orgullo,
que, mostrando los aceros,
ya que sois grandes guerreros,
tamaño coraje intuyo.
No cantemos con arrullo
que es de valor este canto.
Y poco importa ese llanto
en que el ánimo cobarde
se refugia, sin alarde,
del dolor y del quebranto.

Siento en el pecho el fragor
de esa furia, esa violencia
que, agitada la paciencia,
quiere echar al invasor.
Siento en vosotros honor,
los ánimos encendidos,
que, en el combate aguerridos,
sin el temor de la muerte,
mostraréis el brazo fuerte
por temor a estar vencidos.

Ahora que ya llega el día,
cuando se acerca la llama
que en la altura se derrama,
en la espesura sombría,
alumbra a gallardía
en lo profundo del pecho,
y con enojo y despecho
se disponen a luchar
quienes quieren demandar
su razón y su derecho.

LANCERO-. Ya se sienten los tambores,
ya se siente su sonido,
que el paraje estremecido
siente sus fuertes clamores.
GUERRERO 2-. Podrán infundir temores
en nuestros bravos soldados,
viendo a los moros armados
y tanta caja y estruendo,
que yo mismo estoy temiendo
con tantos moros osados.

GUERRERO 1-. El ejército invasor,
con sus músicas brillantes,
cederá en unos instantes
al asturiano furor.
ESPATARIO-. No faltará aquí el valor
contra gente sin bravura
que se esconde en la armadura
que les da gala y adorno
para emprender el retorno
en esta ocasión tan dura.

GUERRERO 1-. Esa gente sin conciencia
viene al punto a la celada,
que en esta cruel emboscada
han de pagar su imprudencia.
GUERRERO 2-. No os engañe la apariencia
que los finge poderosos,
porque, si son numerosos,
en el Auseva y el Priena
espera la gente buena,
los asturianos briosos.

LANCERO-. Lucharemos con bravura
contra el malvado agareno
que el malvado sarraceno
morirá en esta angostura.
ESPATARIO-. Rauda la sangre se apura
cuando se entabla el combate,
que, cuando acuda al debate,
sabrá, orgullosa, la espada,
el brillo de la alborada
permitir que se desate.

PELAYO-. Y, como suele el mendigo,
los que queden, si es que quedan,
escaparán como puedan
hacia el más seguro abrigo.
LANCERO-. En esta ocasión me obligo
a enfrentarme con la muerte,
y así ha de ser, de esta suerte,
si, dispuestos a morir,
combatimos al visir
con el coraje más fuerte.

PELAYO-. Y si muestran orgullosos
estandartes con su luna,
es acaso inoportuna
en estos valles frondosos,
que asturianos valerosos
valen más que la osadía
de toda la morería
si es que en esto hay que luchar,
que no habrán de derrotar
a esta gente que es la mía.

No temáis al desafío
de miserables infieles,
que, si veis sus rostros crueles,
más valdrá el fuego y el brío.
Corra la sangre en el río,
que no quiere el asturiano
que el invasor, tan ufano,
halle fácil la batalla,
porque son la vil canalla
que amenaza espada en mano.

Y labrada con maestría
en la madera más noble,
esta cruz tallada en roble
habrá de ser nuestra guía.
Que mientras la brisa enfría
los paisajes, ya la historia
nos ofrece, en su memoria,
este símbolo sagrado,
que será siempre nombrado
como Cruz de la Victoria.


2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
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