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Martes - 22.Agosto.2017

Estás en: Poetas noveles

Mármol dúctil

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Enviado (29/09/2016)Enviado porJOEL FORTUNATO-

 MÁRMOL DÚCTIL



Bebí del nublado, del recuerdo, del olvidado…

Esos años como segundos primos.

Al deber ameno con gente grave

entre pilares más estériles que nunca

años turbios como cataratas lentos

como pesadísimos dados masticados

con el hábito sueño encrespado.


He muerto demasiado al sol silencio

que por fuerza se adelgaza

perdiéndose ciego por la luz sonora.


No será, pues, partida tablas

en tablero no jugado

ni jugo sin fruto el yugo

de la noche menos noche al estrellarse

que nada quiero morir borrándome

y al nacer pedir permiso

sin acostumbrarme.


Al mar frío dejarían los hielos

al fuego hirviendo sin hacer

nada que parezca yerto

tal vez el viento destruya

y construya de amargura dulzura

con sal atrás de la entrada.


Aunque ligeras, las espadas de la lluvia

atormentan los algodones desiertos

con el destino serpenteando recóndito.


Y el ojo mirándose fuerte

Y la piel frotándose suave

Y el pelo riéndose leve

Y la mano dándose alegre.


Arranca encarnizada los flancos

donde torvos lagos hieren…


Y se van las palabras sin voz

Y se quedan los gritos anclados

Y se van los barcos sin mares

Y se quedan los huecos inflados.


Veo una música de color perfumado

dónde jamás vivieron panes sin penas

ni pana el piso conoce

con la muerte a cada paso

del polvo huésped alimentado

hasta que viento y nada

nutran la plácida memoria.




Bebí del nublado, del recuerdo, del olvidado…



Esos años como segundos primos.
Al deber ameno con gente grave
entre pilares más estériles que nunca
años turbios como cataratas lentos
como pesadísimos dados masticados
con el hábito sueño encrespado.
 
He muerto demasiado al sol silencio
que por fuerza se adelgaza
perdiéndose ciego por la luz sonora.
 
No será, pues, partida tablas
en tablero no jugado
ni jugo sin fruto el yugo
de la noche menos noche al estrellarse
que nada quiero morir borrándome
y al nacer pedir permiso
sin acostumbrarme.
 
Al mar frío dejarían los hielos
al fuego hirviendo sin hacer
nada que parezca yerto
tal vez el viento destruya
y construya de amargura dulzura
con sal atrás de la entrada.
 
Aunque ligeras, las espadas de la lluvia
atormentan los algodones desiertos
con el destino serpenteando recóndito.
 
Y el ojo mirándose fuerte
Y la piel frotándose suave
Y el pelo riéndose leve
Y la mano dándose alegre.
 
Arranca encarnizada los flancos
donde torvos lagos hieren…
 
Y se van las palabras sin voz
Y se quedan los gritos anclados
Y se van los barcos sin mares
Y se quedan los huecos inflados.
 
Veo una música de color perfumado
dónde jamás vivieron panes sin penas
ni pana el piso conoce
con la muerte a cada paso
del polvo huésped alimentado
hasta que viento y nada
nutran la plácida memoria.
 
Autor: JOEL FORTUNATO REYES PÉREZ.

 

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