¡Síguenos!
RSS Subscríbete vía e-mail
RSSContador de Suscriptores de Winred
BoletinesSuscríbete al boletín
Ya somos más de 34561 suscriptos!
Usuario - - Acceso de Usuarios
Viernes - 20.Julio.2018

Estás en: Poetas noveles

Nocturno

ver las estadisticas del contenidorecomendar  contenido a un amigo
Enviado (17/11/2009)Enviado poradmin-
Ya la ciudad está dormida,

yo solo cruzo su silencio

y tengo miedo que despierte

al suave roce de mis pasos lentos...

 

La iglesia eleva sus dos torres

en la oquedad honda del cielo

y cruza el aire el pentagrama

del poste del teléfono.

 

Pide limosna, lamentable,

un mendicante viejo y ciego

y habla de Dios y dice: ¡Hermanos!

y tiende al aire su sombrero.

 

Pasa un borracho, hinchado el rostro,

echa hacia mí su aliento fétido,

alza los brazos y gritando:

—¡Viva el Perú!— se cae al suelo.

 

La luz de un arco parpadea,

chocan sobre ella los insectos,

cambia a mis pasos la quebrada

rara silueta de los techos.

 

Duerme un cansado caminante

en el umbral amplio del templo

y allí en la esquina, junto a un poste,

con gravedad se mea un perro.

 

Ya la ciudad está dormida,

yo solo cruzo su silencio

y me parece que alguien

sigue mis pasos a lo lejos...

 

Un auto lleno de farautes

pasa, alborota, insulta; entre ellos

van las criollas cortesanas

zambas pintadas y de pies pequeños.

 

Ya la ciudad está dormida,

yo solo cruzo su silencio;

repite el eco en el vacío

el duro golpe de mis pasos lentos.

 

De estas cien mil almas que duermen

¿cuál soñará lo que yo pienso?...

¿Acaso aquella que esta tarde

sonrió a mi paso y me miró en silencio?

 

En los siniestros hospitales

se moverán insomnes los enfermos...

¿Quién llorará desconsoladamente?...

¿Quién se estará muriendo?...

 

¿En cuántos labios juveniles

se contraerán frases y besos?

¡Cuántas mentiras adorables!

¡Qué desgraciados estarán naciendo!

 

Y ella en la muda alcoba blanca,

rosado y tibio su jugoso cuerpo,

extenderá su cabellera rubia

sobre las rojas flores de sus senos.

 

Y una sonrisa insinuarán sus labios

y su nariz aspirará deseos

¡y yo estoy vivo, yo lo sé y la adoro

y ahora no puedo darla un beso!

 

Y pasarán inexorables

horas y días, juventud y sueños.

Hoy tengo miedo de morirme.

¡Qué solo debe estar el cementerio!

 

Ya la ciudad está dormida,

y sólo cruza su silencio

el ruido que hace la pesada

negra carroza de los muertos...

 
Compártelo:meneamedeliciousgoogle bookmarkstwitterfacebooktumblr
Vota:
Resultado:
(0 votos: promedio 0 sobre 5)
COMENTARIOS
Añadir nuevo comentario como [conectarse]
0 Caracteres escritos / Restan 1000
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestrapolítica de cookies. Aceptar