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Martes - 17.Octubre.2017

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Romanela en Puerto Vega

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Enviado (03/12/2011)Enviado porJose Ramon Muñiz Alvarez-
Visite http://jrma1987.blogspot.com

José Ramón Muñiz Álvarez
“LA NIÑA DEL PANADERO O EL AMOR MÁS ENCENDIDO”
(Poema dramático para Puerto de
Vega)

ESTAMPA ÚNICA:

Interior de un mesón no lejos del muelle de Puerto de Vega de Navia. Se oye, no muy lejano, el rumor de las olas. En el local se juntan gentes diversas que forman distintos grupos y mantienen distendidas conversaciones. En un rincón del mesón hablan el MESONERO, el SACRISTÁN y el CURA:

MESONERO-. Septiembre llama a la puerta
con las brisas y corrientes
que refrescan los ambientes,
si la mañana despierta.
En esa penumbra incierta
que enseña la luz del día,
la alborada se hace fría
y callado su reflejo,
o me estoy haciendo viejo
en esta casa sombría.
Y, entre cielos de grisalla
y temerosos destellos,
vienen esos días bellos
y alegres donde los haya.
La Virgen de la Atalaya
siempre es la fiesta mejor,
si, seguida con fervor,
se hacen grandes procesiones.
Es cosa de devociones,
de borracheras y humor.
CURA-. Y no dirán estas gentes
que me opongo yo a la risa,
ni una cálida sonrisa
entre los más inocentes.
Otros curas son vehementes,
pero yo, con más prudencia,
busco la benevolencia
y nunca soy muy severo.
SACRISTÁN-. Pon más vino, mesonero.
CURA-. Tiene el vino mucha ciencia.

El MESONERO hace caso, mientras, en la mesa que queda junto a la puerta, sentados y jugando al dominó, dialogan dos MARINEROS y un LABRIEGO:

MARINERO 1-. Ya va pasando el verano
y la pesca es abundante:
pronto el sol bello y radiante
se mostrará más lejano.
MARINERO 2-. Dejará su brillo ufano
de lucir tan orgulloso.
MARINERO 1-. Y el otoño más brumoso
cubrirá mares y tierras,
nieves dejando en las sierras,
tras el viento silencioso.
MARINERO 2-. Y no saldrán los pesqueros
en los días de galerna,
cuando la furia gobierna
mares, cielos y luceros.
MARINERO 1-. Y en las playas y senderos
tardará más la alborada.
LABRIEGO-. Y, después, será la helada
la que, tomando el paisaje,
reine con bravo coraje
sobre la hierba cuajada.
Y es que la aurora encendida
que se admira en el estío
tiñe su vuelo sombrío,
pierde su gracia y su vida.
Porque, alzándose vencida,
luce menos su belleza.
MARINERO 2-. Y parece que bosteza
en los paisajes cansados.
MARINERO 1-. Y los mares apagados
duermen bajo su pereza.

El MESONERO, que ha servido a sus contertulios, se acerca al grupo de la mesa.

MESONERO-. Y es que la vida es tan dura
como ese mar descarnado
que quiere estar alterado,
llegando la noche oscura.
Y siempre se me figura
que el invierno es cosa mala:
en verano, el sol iguala,
con sus luces y belleza,
todo en la naturaleza
a su color y a su gala.
¿No es bello, desde el pesquero
ver cómo ya la alborada
que se anuncia, alborotada,
nos regala su lucero?
Y, aunque soy el mesonero,
marinero en corazón,
quiero daros la razón,
pues el otoño es más triste,
si a los árboles desviste.
CURA-. Y soy yo de esa opinión.
Pero es tal mi pensamiento,
que, pesar de ser letrado,
si a esta idea yo he llegado,
fue mirando el firmamento.
SACRISTÁN-. Siempre parece contento
cuando el verano su brillo
llena de aliento sencillo
y de olor a mar serena,
que mira la luna llena
y el canto escucha del grillo.

Pausa.

MARINERO 1-. Hablo del hambre, señores,
del hambre y de la pobreza.
MARINERO 2-. Es la mayor aspereza
para pobres pescadores.
LABRIEGO-. Los que somos labradores
lo pasamos también mal,
que la cosecha otoñal,
si se han de rendir tributos,
no siempre da buenos frutos
al hombre como jornal.
MARINERO 1-. Y, hablando ya de otra cosa,
que todo son raros lances,
son pues estos los romances
que canta la villa ociosa,
porque dicen que es preciosa
la niña de panadero.
MARINERO 2-. No queda ya marinero
que no se postre a sus pies.
SACRISTÁN-. ¿Dices tú la de Ginés?
CURA-. ¿La que recoge el romero?
Parecerá una locura
a la gente de la villa,
ya que son gente sencilla,
que lo diga, siendo cura,
pero mayor hermosura
no podréis ver, porque el día,
al correr la brisa fría,
si es que el alba se refresca,
la admira joven y fresca,
con la mayor lozanía.
Sólo quisiera pensar
que se nos muestre prudente,
que no siempre es esta gente
gente de mucho juzgar.
Si se dejara engañar
por alguno que la venza
con amores y convenza
su callada ingenuidad…
MARINERO 1-. Pero en esta vecindad
nunca falta la vergüenza.
SACRISTÁN-. Arde la yesca con brío,
en la montaña y el llano,
si el sol calienta en verano
o si se hiela de frío.
Y este verde labrantío
bien parece que se quema.
MESONERO (temiendo una bronca)-. Bueno, cambiemos de tema…
¿A qué hora es la bajamar?
LABRIEGO-. La más bella del lugar.
MESONERO-. Es una pasión extrema.
CURA-. Es una bella mozuela,
que de ello ya no hay duda,
y, aunque la edad todo muda,
su mocedad nos consuela.
MARINERO 1-. Hasta la sangre se hiela
con mirarla, tan ufana.
MARINERO 2-. Ella es la misma mañana
que ilumina sus mansiones,
pero enciende corazones
con la alborada temprana.
LABRIEGO-. Pues no hay que ponerse así,
que suelen los pocos años
causarles no pocos daños
a los más mozos.
CURA-. Pues sí.
LABRIEGO-. No pocas veces yo vi
que, por pasión y quereres,
muchos mozos las mujeres
disputaron algún día,
que, si bien es osadía,
cosas son de los quereres.
MESONERO-. Está bien, pero yo sé
que ese genial argumento
viene de tu pensamiento
en razón de no sé qué.
SACRISTÁN-. Pero yo te lo diré,
que los mozos de la aldea
no suelen querer pelea,
menos el hijo que tiene.
LABRIEGO-. Ese comentario viene
de más, aunque hay quien lo crea.
El caso es que de los míos
todos son trabajadores
y que invierten sus sudores
forzando mayores bríos.
Pero nunca en amoríos
los hallaréis, que son buenos.
MESONERO-. De lo que tú dices, menos,
te lo dice el del mesón.
LABRIEGO-. Hablas con tanto tesón
como lleno de venenos.
CURA-. Los mozos, dada su edad,
suelen, siendo buena gente,
con garbo siempre estridente,
ser bárbaros en verdad.
Quizás, después…
LABRIEGO-. Perdonad,
pero tal no lo consiento.
SACRISTÁN-. ¡Por el Primer Mandamiento!
Sabe todo Puerto Vega
las aguas por que navega
un hijo tuyo violento.
LABRIEGO-. Pues nuestro buen mesonero
hijos tiene, según cuentan,
que por amores revientan
con ánimo pendenciero.
MESONERO-. De mis hijos el primero,
evitando ir a las manos,
defendiendo a sus hermanos,
hubo de lidiar valiente,
que tus hijos, mala gente,
acorralaron ufanos.

Un MUCHACHO enamorado, sentado al lado de la derecha, se atreve a hablar:

MUCHACHO-. Por sentimiento, ella es mía,
que lo pide el corazón,
puesto en esta sinrazón
en que el espíritu enfría.
Me rechaza y la quería
como se debe querer,
pues que, por una mujer,
ha de ser ella la estrella,
la mujer siempre más bella
y la más digna de ver.
Y, galán enamorado,
porque de amores yo vivo,
su favor siento yo esquivo
y mi orgullo aprisionado.
De su belleza apartado
el fuego de mis pasiones,
le pide nuevas razones,
y, ya que es así de altiva,
que nunca se muestre altiva
con los pobres corazones.
Y yo, que quise adorarla,
que le daría la vida,
la supe siempre escondida
con el alba, al sospecharla.
Pues, con tener que mirarla,
al mirar amanecer,
supe que más que un placer,
era la rosa del cielo,
causando tanto desvelo
en el juego del querer.
Pero, con toda prudencia,
si se afirma un sentimiento,
muero yo de descontento
y me falta clara ciencia.
Y es pecado de conciencia
lo que yo quiero decir,
porque me hiere el sentir
y el dolor de los amores,
porque, con tantos dolores,
solo se quiere morir.
Y, porque sé que la quiero,
que mi problema es querer,
muero sin saber qué hacer,
vivo sin saber que muero.
Y dejo que con acero
de muerte rauda a mi vida,
que, de inocencia vencida,
la conciencia a su belleza,
denota tanta pureza
como maldad escondida.
Ella es pura como el fuego,
como el brillo del tesoro,
llama del oro en el oro,
mi promesa de sosiego.
Acaso, si es que a ella llego,
muero al sentirme desnudo
por atreverme a un saludo
que conteste de sus labios,
si no soberbios, por sabios,
que el amor es muy sañudo.
Y, en el momento de amar,
como todo es esplendor,
aspirando a su favor,
mal me hubiera de quemar.
Siempre morir es azar,
siempre es azar el amor,
y, aunque, lleno de dolor,
no quiero yo más placer
que el capricho de querer
por el placer del amor.
Y, en fin, yo morir quisiera,
en las aras de este sueño,
que, si el morir es mi dueño,
muerte es ya mi primavera.
Falta que el amor me hiera
hasta el punto de matarme,
y bien sabré resignarme,
que el morir bien me vendrá,
si bien tarde llegará
para por fin aliviarme.
Y, con morir soy dichoso,
que no con estos desdenes,
que arden mi pecho y mis sienes
como el fuego en su reposo.
Es para mí doloroso
este duelo del amor,
y, al sentir este dolor,
entiendo lo que no entiendo,
porque sé que estoy sintiendo
la maravilla y horror.
En fin, que la muerte quiere
que yo muera por amores,
y sabiendo mis dolores
no es la muerte quien me hiere.
No importa lo que quisiere
ni la muerte ni el amor,
que se ha agotado el favor
que me brindaba la vida,
y por una amada altiva,
muero en vino y en licor.
Y tal es esta desgracia
en la que vivo sumido,
que me siento dolorido
y atrapado, y no es falacia.
Si me rechaza sin gracia,
me causa, en fin tal tormento,
que de dolor me resiento
y de callada tristeza,
anhelando esa belleza
que compite con el viento.
Pudiera morir dichoso
quien amó tanto la vida,
sabiendo abierta la herida
por el amor doloroso.
CURA-. Pues me parece penoso
que hables siempre de manera
que parezca traicionera
una muchacha decente.
MESONERO-. Hablar así es imprudente.
MUCHACHO-. Pues quien ama desespera.
CIPRIANA-. Pues, porque es bella la niña,
le han sacado bellos versos
en un romance precioso
que canta ya todo el pueblo.

Comienza a cantar CIPRIANA ese romance:

No hay mayor belleza en Navia
ni en Tapia de Casariego,
ni en Luarca, si el sol alumbra,
mirando sus ojos bellos.
Desde la misma alborada,
cuando al mar van los pesqueros,
las mujeres a la fuente
y a la tierra los labriegos,
mira el sol, enamorado,
mostrando claros bermejos,
los hermosos cristalinos
de dos ojos en silencio,
que son los de la mozuela,
cuyos destellos tejieron
el alba que arde temprano
y que llega de lo lejos.
Y es así que, por mirarla,
sabiéndolos lisonjeros,
con lisonjas los hechizan
los comentarios del pueblo,
que todo Puerto de Vega
por ellos vive muriendo
y por gritar su hermosura,
desde el más mozo al más viejo,
sin que puedan las envidias
atreverse (que quisieron)
a decir malas palabras
en este lugar pequeño.
Y, pues requieren amores
los años de los mozuelos,
porque el amor imprudente
los toma por prisioneros,
no queda un joven que diga
un romance ante ese vuelo
que hasta la aurora levanta
sus colores por los cielos,
con ser mirada de niña
y algo de escarcha y de hielo,
que los desdenes que muestra
encienden dolor y celos.
Y ante sus ojos se rinden
y le cantan dulces versos
quienes sin pluma ni letras,
quienes con redes y anzuelos,
sabiendo que no hace caso,
porque nunca respondieron
de sus labios los corales
a los que, amores pidiendo,
de su belleza se sienten
custodios y pregoneros,
vencidos por el hechizo
de los brillos que supieron.
Y resuenan las canciones
por caminos y senderos
como peregrinos tristes,
cansados de andar y viejos,
que, yendo, sin esperanza,
en busca de sentimientos,
por cultivar tierra estéril
cosechan este desprecio,
si es desprecio que no mire
con sus colores ligeros
la belleza de la niña
a quienes tejieron versos.
Y, como es ella discreta,
pues otros hay más soberbios,
no se da por aludida,
entre las gentes del pueblo,
que, siguiendo su camino
de las playas al pedrero,
ignora tantas canciones
y tanto verso risueño,
pues es risueña y alegre,
como todo lo que es bello
y enseña la aurora clara
bajo su cristal bermejo.
Pausa. Los demás aplauden risueños, salvo el joven MUCHACHO, que parece amargado.

MUCHACHO-. Y yo, que muero de amores,
que vivo desesperado,
de pasión arrebatado,
sabiendo de sus colores…
Pues, al llegar los albores
y dar su color al día,
ella, con gran osadía,
sin esconder su belleza,
roba al aire su pureza,
la voz a la brisa fría.
Y es la tristeza el veneno
que me tiene aquí afligido,
y todo el pueblo ha sentido
de amores el pecho lleno.
Desde el más malo al más bueno,
todos dicen que la quieren,
que acaso sus ojos hieren
como hiere su dulzura.
CURA-. No es ofensa la hermosura.
MUCHACHO-. De amores los mozos mueren.
Ella, con su lozanía,
los enreda, quiera o no.
CURA-. No te doy la razón yo.
MUCHACHO-. Y cada brillo mentía,
que, desde la lejanía,
al correr de la alborada,
un destello en la mirada
puede ya ver, tiempo atrás.
CURA-. Por ello no me dirás
Que quieres que sea culpada.
MUCHACHO-. Su criminal hermosura
se dice ya lo más bello,
y maldigo ese destello
y maldigo su finura,
porque en el pecho se apura
el tormente en la pasión,
que más suele el corazón
dolerse de los amores
cuando bellas son las flores
que muestran su floración.
Ah, si pudiera matarla
o si pudiera tenerla.
CURA-. Vaya forma de quererla.
MUCHACHO-. Mejor diga de anhelarla.
Porque pudiera abrazarla
o encelarme bravamente
si la mirase la gente
o si alguno lo quisiera,
que para que mía fuera
puedo yo ser tan valiente.
CURA-. Dirás mejor temerario,
pues parece una locura,
resulte que la hermosura
quieres matar, sanguinario.
Yo te digo que, al contrario,
tu argumento es desvarío.
MUCHACHO-. Yo soy joven y bravío,
como lo manda la edad.
CURA-. Moza es la barbaridad
y de un joven no me fío.
MUCHACHO-. Pues de tal cosa me hace gracia.
CURA-. Viejo soy y tengo ciencia
obtenida con paciencia,
humildad y diplomacia.
Vas directo a la desgracia
con la actitud que mantienes,
que si mejor te previenes,
lo que conquista el amor
siempre es el trato mejor
y nos da mayores bienes.
MUCHACHO-. Pero me muero de celos
cuando la mira la gente.
CURA-. Tanto celo es imprudente.
MUCHACHO-. Mi pecho abrasan los hielos.
CURA-. No debes, con tantos duelos,
justificar lo que dices.
Tú mismo te contradices
al culparla por ser bella.
MUCHACHO-. Y lo es como una estrella.
CURA-. Y por eso la maldices.
No tienes en fin razón,
y ese amor del que blasonas
es mentira que pregonas,
pues no tienes corazón.
Lo que enciende tu pasión
es lujuria, que no amores,
y es cosa de pecadores
razonar de esa manera.
MUCHACHO-. Pero es que si ella quisiera
curaría mis dolores:
casarla quiero conmigo
y como a reina cuidarla,
y quiero yo agasajarla
si por amor la bendigo.
Quisiera ser yo su abrigo,
su esperanza y su razón,
pero con cruel corazón
me dice siempre que nones.
CURA-. Pues sintiendo esas pasiones
no puedes tener razón.
Y ella es joven todavía
para tales casamientos,
que son malos pensamientos
y tu mente desvaría.
¿No es ella libre? Confía,
y si no te quiere acaso,
tiene razón, hazme caso,
que por fuerza los amores
no se imponen con rigores.
MUCHACHO-. Yo de tristeza me abraso.

Telón y fin.

2011 © José Ramón Muñiz Álvarez
“La niña del panadero o el amor más encendido”
Poema dramático para Puerto de Vega.
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