El ruego
Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, toda la poesía.
Y pasaba el invierno y no venía
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño ma hallaba con mi espera.
Señor, Señor: mi espalda está desnuda:
¡Haz restallar allí, con mano ruda,
el látigo que sangra a los perversos!
Que está la tarde ya sobre mi vida
y esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, Señor, haciendo versos!

- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios
- Versión para impresora




Comentarios y análisis
2 comentarios enviadosUn poeta nunca dejará de serlo y cuando los amores llegan se viven con toda la pasión de la vida. Lo mejor te espera.
¡ay, palabras maravillosas!
Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en agua pura
con tus dos manos como copa.