La barca.
La barca.
Paseo por la orilla de tu playa solitaria,
llena de silencios entre el ruido de las olas
y el cantar de las gaviotas blancas.
Ya no estás, hace tiempo que marchaste,
pero huelo en mi piel tu sabor a sal
y me calienta este sol de tu paisaje.
La luz quedó suspendida en el aire,
sin tiempo, sin lugar ni realidad
y mi alma susurra cantos de sirena
para que vuelva el amor que navega
quizás en el horizonte o en ninguna parte.
Y mientras, sigo aquí, esperándote,
deseando que pongas de nuevo rumbo hacia el mar
y volver a navegar desplegando nuestras velas,
recordándote desde el vaivén de mi soledad
sentada en tu barca varada en la arena.

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Comentarios y análisis
1 comentario enviadoPrecioso poema, me encantó.
Gracias por compartirlo.