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Sábado - 20.Octubre.2018

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Clasicos Juveniles

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Enviado (11/02/2010)Enviado poradmin-

CLASICOS JUVENILES (x)


Los invisibles átomos del aire


En rededor palpitan y se inflaman;


En cielo se deshace en rayos de oro;


La tierra se estremece alborotada.


 

Oigo flotando en olas de armonía


Rumor de besos y batir de alas;


Mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?


¿Dime?... ¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!


                            XI


Yo soy ardiente, yo soy morena,


Yo soy el símbolo de la pasión;


De ansia de goces mi alma está llena.


¿A mí me buscáis?>> <<No es a ti; no.>>


 


Mi frente es pálida; mis trenzas de oro;


Puedo brindarte dichas sin fin;


Yo de ternura guardo un tesoro.


¿A mí me llamas?

No; no es a ti.


 


Yo soy un sueño, un imposible,


Vano fantasma de niebla y luz;


Soy incorpórea, soy intangible;


No puedo amarte.



¡Oh; ven; ven tú!



                                   XII


Porque son, niña tus ojos


Verdes como el mar, te queja;


Verdes los tienen las náyades,


Verdes los tuvo Minerva,


Y verdes son las pupilas


De las hurís de profeta.


 


El verde es gala y ornato


Del bosque en la primavera,


Entre sus siete colores,


Brillante el iris lo ostenta.


 


Las esmeraldas son verdes,


Verde el color del que espera,


Y las ondas del Océano,


Y el laurel de los poetas.


 


Es tu mejilla temprana


Rosa de escarcha cubierta,


En que el carmín de los pétalos


Se ve al través de las perlas.


 


Y, sin embargo,


Sé que te quejas


Porque tus ojos


Crees que la afean.


      


Pues no lo creas;


Que parecen tus pupilas,


Húmedas, verde e inquietas,


Tempranas hojas de almendro


Que al soplo del aire tiemblan.


 


Es tu boca de rubíes


Purpúrea granada abierta,


Que en el estío convida


A apagar la sed en ella.


Y, sin embargo,


Sé que te queja


Porque tus ojos


Crees que la afean.


 


Pues no lo creas;


Que entre las rubias pestañas,


Junto a las sienes, semejan


Broches de esmeralda y oro


Que un blanco armiño sujetan.


 


Porque son, niña, tus ojos


Verdes como el mar te quejas;


Quizá, si negros o azules


         Se tornasen, lo sintieras.       






 
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